“Pase de ser un freelance a ser editor de fotografía en Noticias”

El registro de una profesión que deja mil vidas para contar. Guillermo Cantón y su cámara fotográfica, un relato escrito de años repletos de flash.

Dos ojos verdes pardo se preparan. Brillan en el mientras tanto, en la búsqueda imparable del recorte. Un cuerpo de 1,80 se mueve con el fin de encontrar el mejor ángulo, el máximo aprovechamiento del futuro registro. Sigue esa realidad, pero no le convence. Dos pasos largos, un trote. Ahí es: silencio absoluto. Una flexión de piernas y ¡click! Realidad recortada. Tiene la foto.

Guillermo Cantón fue fotoperiodista de una de las revistas nacionales más exitosas de los 90’: Noticias. Su rol cambió drásticamente debido al asesinato de su colega y amigo, José Luis Cabezas: “Yo trabajaba como freelance en la revista hasta el asesinato de José Luis. Luego de ello, se produjo un caos total en Noticias y en el país. Hugo Ropero, jefe de fotografía, se fue y yo pase a ocupar su lugar” expresa Cantón.

1997. José Luis Cabezas, Guillermo Cantón y Hugo Ropero (editor de fotografía de Noticias en ese momento)

Ser “freelance” de fotoperiodismo en los años 80/90’ significaba estar disponible para determinado medio de comunicación y ser llamado para cubrir a los fotógrafos del staff. O, mejor dicho, ser contratado para “hacer guardia”. Lo que quiere decir estar a la espera de un famoso internacional recién llegado al país, o preparado para retratar al político saludando a su pueblo – o capturarlo haciendo lo opuesto a lo que pregona – . “Las guardias eran clásicas, pararse en un lugar esperando que pase algo, ya sea que llegue alguien o que pase algo. Me gustaba ese trabajo, era como ser un espía”, explica.

Guillermo no comenzó su carrera profesional inmediatamente en la revista Noticias. Tiene una trayectoria tan extensa como diversa. Sus primeros pasos en el periodismo fueron a finales de 1970 en Río Cuarto, ciudad en donde se recibió como Técnico Profesional en Comunicación por Imágenes, en la recién nacida Universidad Nacional. Trabajó sacando fotografías allí y también fue parte del Canal 13 local. “Trabajé como camarógrafo con Ricardo Sánchez. Él hablaba, yo grababa. Y en Buenos Aires comencé mi carrera como fotoperiodista”, recuerda Guillermo mientras se levanta para entrar a su gato que llora por fuera de la ventana, rogando para acurrucarse al frente de la salamandra.

65 años, mil historias. “Guille”, cómo le dice su círculo, viene de un pequeño pueblo ubicado en el sur cordobés llamado Los Cisnes.  En el 76’ comenzó a estudiar Ciencias de la Información en la UNRC. Sus estudios trascurrieron con la dictadura como contexto. Los militares en las puertas. La vista baja y el temblor cansado de un cuerpo siempre alerta a la incertidumbre permanente. En los 80’ termina sus estudios y decide irse al exterior. California primero, después París. Entre continentes, Guillermo se enamoró: “Me quedé 2 años en Francia. Allí sacaba fotos. Después volví con mi pareja y nos casamos en Los Cisnes… Luego, nos mudamos a Buenos Aires”.

En París, la Ciudad de la Luces, Guille hizo contactos con algunos corresponsales argentinos que trabajaban para editoriales nacionales como Abril o Perfil. Terminó trabajando en la primera. “Sacaba fotografías como freelance en el semanario “Siete Días”. Hasta que un momento me incorporaron como fotógrafo de staff y allí uno adquiere categoría. La mala suerte fue que al poco tiempo quebró.”, recuerda el fotoperiodista mientras busca en su escritorio portadas que realizó para Siete Días.

“Esto fue en La Rioja, Menem era gobernador y candidato a presidente. Hice la tapa para Siete Días”, recuerda Guillermo.

Abril quebró, pero la experiencia adquirida como fotógrafo de staff en la editorial más grande de Latinoamérica de los 60’, fue clave para que Guillermo se proponga llegar a donde siempre quiso: trabajar en Perfil, más específicamente, en Noticias.

No se olviden de Cabezas

Guillermo conoce a José Luis en los 90’. “Él era freelance e iba a revelar fotografías en el laboratorio de la Editorial Abril”, recuerda. Se volvieron muy amigos hasta su asesinato en enero del 1997. Durante el transcurso de los años, ambos comenzaron a trabajar en la revista Noticias. Cantón era freelance. José Luis era parte del staff. “Yo si bien era colega de él, los fotógrafos tenemos algo particular que es trabajar en solitario… Alguna vez nos tocó cruzarnos, como una vez que fuimos a hacerle un reportaje a Menem a Olivos. En el documental hay fotos de ese día”, comenta Guillermo con una leve mueca de nostalgia en su cara y ojos brillosos.

La emblemática foto del “asado” que sostiene Guillermo, en donde se lo ve a Cabezas y a Hugo Ropero, llamó la atención de Cantón, ya que, por su posición, se podía interpretar como protagonista del film. “Me pareció raro. Incómodo, incluso”. La fotografía fue publicada a principios de año en Página 12 como acompañante de una nota que publicita la próxima producción de Netflix: “El fotógrafo y el cartero: El crimen de Cabezas”, estrenada en mayo de este año.

“Si me llamaron para participar, pero dije que no. La gente que estuvo en el documental está bien, eran los que tenían un tipo de vínculo más directo con él. Yo tenía una relación personal con Cabezas, que no es el caso, el documental no va por ese lado. No habla mucho de su vida personal, casi no están sus familiares y amigos, sino más bien hace foco en el entorno profesional de sus últimos años. Además, yo ya me vine a Los Cisnes cuando se realizó la producción, pero sí les cedí algunas fotos”.

Fotos a Menem

Guillermo entrevistó a Carlos Menem durante tres etapas clave. Antes, durante y después de su presidencia. Del difunto, recuerda que era una persona muy amable y simpática mientras era gobernador de La Rioja, pero durante su mandato en la Rosada describe que: “Se fue transformando en alguien oscuro y tenebroso. Ni hablar desde asesinato de Cabezas”.

Guillermo y Menem en su casa de La Rioja durante el backstage de la portada para “Siete Días”

El método Ornitorrinco

Un día, un joven de 25 años llama a Guillermo con la intención de crear una revista de fotografía y, sin dudarlo demasiado, el fotoreportero acepta tal oferta.

“Llegó Nicolás (Silberay) con esta propuesta, y bueno, me embalé en ese proyecto. Salió una revista de otro mundo. Sin oficina, nada. Totalmente al revés de la experiencia que traigo en las otras revistas”, relata sobre lo que fue la fundación de “Contrastes”, publicación que co-conduce desde 2013.

Guille es el editor de fotografía, pero admite que es muy distinto su papel en Contrastes que en Noticias: “Mi tarea es básicamente elegir el contenido de cada edición, de qué se va a hablar. Nico hace la revista. Yo le paso 20 fotos de determinado fotógrafo y él elige. Al revés que, en Noticias, por ahí nos peleábamos por cuál foto ponemos en la portada” comenta entre risas.

Paralelamente a los inicios de la revista, Cantón viaja hasta Texas, EE.UU. con la intención de realizar un curso denominado “Ornitorrinco digital”. El nombre del animal es una metáfora que consiste      en la habilidad de realizar una producción audiovisual a partir de una sola persona. Ésta puede hacer “todo”: guion     , producción, cámara, sonido y edición. Todas las partes del producto audiovisual en una sola mente. Dirck Halstead fue su profesor. Era un reconocido fotoperiodista estadounidense que falleció en marzo de este año. “El tipo era un pionero en el pensar que las herramientas hacen a los oficios”, dice Guillermo.

Guillermo junto a las ediciones de “Contrastes”


Además de registrar muchos campos visuales en sus diversas cámaras fotográficas, Guillermo es un amante de la música. La carta de su profesora fue el empujón que lo acercó a tal pasión. Y como no, el cine es la combinación de los dos: imagen y sonido, el sueño vivo de Cantón.

Un hombre lleno de arte o un artista en su máxima expresión, diría mejor. Sus experiencias se vuelven una historia llena de saber. Pero eso no quiere decir que deje de aprender. Así es Guillermo Cantón, un tipo común.

Cantón junto a Dirck Halstead en la presentación de su producto final. Un cortometraje filmado, escrito y editado por él mismo.

La Música

Guillermo aún vivía en Buenos Aires cuando se entera de la muerte de su madre. Viaja a Los Cisnes y en su vieja casa, comienza a ver sus cosas de cuando era niño. Casi sin querer, encuentra una carta de su maestra diciendo que tiene que explotar su talento musical. “Fue un accidente”, dice Guillermo.

Cuando vuelve a Buenos Aires comienza a tomar clases de canto y más tarde, decide comprar una guitarra. En su búsqueda, encuentra un taller en el cuál se enseña a fabricar instrumentos. Y así fue, Guillermo no solo se adentró al mundo de la música de manera tan particular, sino que su primer acompañante musical fue una creación de él mismo.

Guillermo tocando su guitarra – hecha por él mismo- en su casa de Los Cisnes

La carta de Andrés Sal-Lari y primer largometraje

“Mi nombre es Andrés Sal Lari y mi padre me decía Gringo de pequeño, por eso le puso así a este auto…por favor llámeme”, decía la carta de Andrés Sal-Lari, hijo de Eduardo Sal-Lari, el fundador de la ex fábrica automovilística “IES”.

Guillermo encuentra esta carta y con el tiempo realiza un documental llamado “Dos Gringos”. Esta cuenta la historia de IES y los contrastes de la vida de su fundador Eduardo Sal-Lari. Es su primer documental y fue estrenado el año pasado en CineAR.

Fátima Frechero

Estudiante de Comunicación Social. Esta producción fue realizada en el marco de la cátedra Comunicación Impresa Aplicada.

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