Bailando al ritmo del coronavirus

El 2020 fue un año en el que los escenarios permanecieron con las luces apagadas. Gracias a la tecnología y la creatividad se encontraron formas para continuar con la actividad en la nueva normalidad.

Presentación de fin de año de 2019, Gimnasio La Palestra. Imagen: Valentina Celi

Los especialistas coinciden que el baile fue la primera actividad que utilizo el hombre para expresarse. La realizaban dentro de cuevas refugiándose de los males del mundo exterior. Hoy se vuelve a bailar como en los comienzos de la humanidad.

Después de 6 meses sin actividad y volviendo con obstáculos en el camino, una de las áreas más afectadas en Rio Cuarto es el arte, más precisamente la danza.

Desde marzo las academias tuvieron que cerrar sus puertas y buscar formas de seguir con su trabajo por otras vías. Plataformas virtuales como Zoom e Instagram se volvieron la salvación para los profesores. Esta solución duro solo unos meses, la dueña de la academia Dançando (su nombre significa danzando en portugués) comenta con un tono de angustia en su voz “Dimos clases online durante la primera etapa de pandemia, las dábamos gratis, luego, las empezamos a cobrar” y además agrega con aire de tristeza “la gente no se copa mucho a tomar clases así”. Ella tuvo la oportunidad de abrir su propia academia en 2019. Después de tener su escuela funcionando por un año, de tener su lugar propio para expresar su pasión tuvo que hacer una pausa a sus sueños como consecuencia de la pandemia.

Cada vez más eran las personas que ya no se sumaban a las clases virtuales o no lo hacían con las mismas ganas. Hubo una gran baja de alumnos, sin embargo, los profesores preocupados por su trabajo, tuvieron que buscar la forma para avanzar ante esta situación y no perder su trabajo en el intento. “Trate de adaptarme con la poca gente que seguía y dicte clases de manera virtual” dice Agustín Chirino, bailarín y profesor de Influencias Centro Artístico. Él tuvo sus comienzos en el baile desde muy pequeño siguiendo los pasos de su madre. En el año 2013 por su curiosidad se encamino con los ritmos urbanos, desde ese momento supo que ese era su ritmo, con él se sentía más cómodo. Dos años después decidió formarse profesionalmente. Lo hizo en la ciudad de Córdoba, luego volvió a Rio Cuarto a ejercer y dictar sus propias clases.

 

 

En el mes de julio se habilitaron, con protocolos, todos los espacios donde se realiza esta actividad. El regreso ya no fue igual, “sinceramente no fue lo esperado, más que todo con los grupos de niñas, donde los papás tuvieron miedo de mandar a sus hijas a bailar” asegura Andrea Capelari. La profesora y dueña de Gimnasio La Palestra ejerce hace 20 años. Llevaba adelante cada año, desde sus comienzos, presentaciones y shows en el teatro de la ciudad. “Este será primer año en el que la tradición se corte”, afirma con un tono desalentador en su voz.

Después de dos meses cursando la nueva normalidad llena de protocolos en las academias, el intendente de Río Cuarto anunció la vuelta a la fase uno debido al rápido aumento de los casos en la ciudad. Fue un mes en donde las academias debieron dar un paso atrás nuevamente. La preocupación volvió a los profesores y dueños de estos lugares. Después del transcurso de esta fase inesperada eran cada vez menos los alumnos que retomaron la actividad.

A pesar de que hubo muchas bajas, como por ejemplo Lucia que a pesar de que baila desde sus 8 años porque que es algo que ama, que la ayuda a descargarse, a distraerse y a conectarse con ella misma, tomo la decisión dura y triste para ella de seguir en su casa cuidándose y no exponerse al contagio para no poner en peligro a su familia.

Otros siguieron con su pasión de años y confiaron en los protocolos que el COE les indicó a las academias, tales como, colocar un trapo con lavandina al ingreso del establecimiento, la toma de temperatura, alcohol para la higiene de manos, una distancia mínima de dos metros entre personas, llevar el barbijo colocado correctamente y al finalizar la actividad se debe desinfectar el lugar. Sabrina que baila en la academia Sugar comenta “por suerte en la academia se llevó́ todo a cabo como correspondía, el contagio no tuvo lugar en este contexto”, nada de esta pandemia impidió que dejara el baile o que cambiara su sentimiento por él, y Camila que baila desde sus 5 años afirma felíz de volver a bailar, de volver a tener su cable a tierra, “volví sin pensarlo y bailo con más ganas que antes”.

También hay alumnos que dudaron bastante en retomar las clases debido al miedo al contagio como dice Pilar “tuve miedo a contagiarme, lo pensé bastante” pero su amor por el baile la alentó a seguir y nunca pensar en dejarlo.

El baile es usado como un momento de relajación, donde se pueden expresar, y comunicar a través del cuerpo.  Sabrina, bailarina de ritmos latinos, continúa expresando que “cuando pienso en porqué bailo, lo que se me viene a la mente es amor y expresión, yo creo que bailando uno se expresa, lo que siente, lo que vive, lo que ama” además añade “el cuerpo es el medio del bailarín de comunicarse con el mundo”.

Está comprobado científicamente que el baile trae múltiples beneficios para la salud. Según la Sociedad Española de Neurología, esta actividad ayuda a reducir el riego de ciertas enfermedades como la hipertensión, diabetes, depresión y obesidad. Además, disminuye las probabilidades de caídas en personas mayores.

Un estudio de la Universidad Estatal de Colorado ha demostrado que el bailar aumenta la densidad de sustancia blanca del cerebro, la parte del sistema nervioso que coordina la comunicación entre las diferentes partes del cerebro. Es un ejercicio que no solo trae beneficios al físico sino también a la mente. Cuando las personas bailan siguen una secuencia de pasos, lo que exige cierto nivel de concentración. Esto permite ejercitar al cerebro aumentando su actividad y conexiones neuronales.

También funciona como un antidepresivo, ya que, de acuerdo con numerosos estudios, se ha comprobado que bailar ayuda a liberar endorfinas y otras hormonas de la felicidad. Cuanto más se baila, más fácil será evitar la depresión.

Todos los profesionales del baile de Río Cuarto coinciden en que se debería haber adaptado la actividad a esta nueva normalidad hace mucho tiempo ya que es muy importante para la salud. “Las personas que no trabajan o no son parte de una academia, piensan que esta actividad no es de importancia para la salud y creen que no sea algo necesario para que esté habilitado” dice Agustín con tono de preocupación, y agrega “pero si sos parte de una escuela, sabes que no solo vas a bailar, es un espacio de entretenimiento, formación y un lugar que mucha gente lo utiliza como terapia, ya que es la única salida que tiene a toda esta nueva realidad”. Piensa que se le tiene que dar un reconocimiento como parte muy importante de esta nueva normalidad.

Al igual que él, Cecilia cuenta que “En los mayores de los casos la gente va a despejarse y es una forma de desconectarse de todo y relajarse”. Los docentes tratan de brindarles la alegría que los alumnos necesitan.

Una esperanza que todos tienen es que se establezcan protocolos para que a fin de año se puedan realizar shows para poder mostrar el trabajo que han hecho durante este poco tiempo. Por lo pronto se las van a ingeniar para exponer las coreografías de manera online a través de videos, ya que por el momento es la única manera en que pueden mostrar su arte.

Un aspecto positivo que está dejando la pandemia para el baile, es la posibilidad de poder tomar clases por medio de videollamadas con grandes artistas tanto nacionales como internacionales. Ésta es una oportunidad que no se hubiera dado sin esta situación. Como piensa Agustín “no tenemos que esperar a que todo vuelva a ser como antes. Tenemos que adaptarnos y quedarnos con las cosas positivas que nos dejó esta pandemia”.

El baile siempre tiene que ser un motivo para alegrarse y en estos momentos, tiene que ser una salida y un esparcimiento que haga bien física y mentalmente. Aunque en estos tiempos es complicado, ya que las coreografías van a tener que cambiar en cuanto a los acercamientos, trabajo de contacto.

Estos profesionales viven el día a día, “la verdad estamos a la deriva y nos adaptamos a las reglas que nos imponen” manifiestan tanto Andrea como Cecilia con expresiones de cansancio en sus rostros.

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