Circo como trabajo en Río Cuarto

Cuando pensamos en el circo, lo primero que se nos viene a la mente es una carpa gigante con un gran espectáculo que nos hace sentir que estamos en un cuento, en una peli de fantasía. Pero, la realidad es que esa es tan solo una parte de lo que es el circo, ya que tiene tantas formas como aristas posibles.

A lo largo de los años, el circo fue transformándose constantemente. Desde sus inicios fue tomando diferentes perspectivas: podemos pensar al circo como una forma de mero entretenimiento – de hecho la palabra circo fue creada por los griegos para significar eso-. También, a los espectáculos circenses los relacionamos con la exhibición de individuos con características grotescas, diferentes e incluso con deformidades; como el del ”cuerpo virtuoso” y ágil; e incluso por la tenencia de animales enjaulados o en cautividad. 

Con el tiempo se le fue asignando distintas formas de percepción y el circo como tal ha pasado a ocupar otros lugares. Principalmente por la cantidad de aristas que tiene, ya que sostiene emociones, las canaliza, también permite potenciar un montón de virtudes personales. Es un espacio que puede expresar un montón de mensajes. 


En este sitio, voy a centrarme particularmente en los circenses que están fuera de la carpa, particularmente en los formadores de esta disciplina. En la ciudad de Río Cuarto, podemos encontrar muchxs artistas circenses, pero no tantos formadores, ya que primordialmente se necesita un espacio para ello y el único -o uno de los pocos- que funciona como tal es “Espacio Corpolina”.

Lourdes Amaya

Estudiante de Comunicación Social. Esta producción fue realizada en el marco de la cátedra Multimedia.

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