Emilia Floriani: La felicidad de sus mujeres

Sus pinturas y su alegría recorren todo Río Cuarto con el nombre “La felicidad engorda”. María Emilia Floriani colorea toda la ciudad con sus pinceles y un poco de pintura y no se olvida de su legado de periodismo que le dejó su madre.

Miércoles 3 de agosto, el sol pica fuerte contra las calles de tierra del barrio Castelli 1. La siesta está terminando, la canchita de fútbol junto con un descampado con el pasto seco envuelve las casas del barrio del sur de la ciudad. Detrás de una puerta de rejas negras que se abre al encuentro, llega un alegre saludo que invita a pasar a un hogar lleno de pinturas, mujeres y colores.

María Emilia Floriani – más conocida como Emi de “La felicidad engorda”- es una graduada en comunicación social de la Universidad Nacional de Río Cuarto, trabajó en una empresa de la ciudad como diseñadora gráfica, y también en el diario familiar Otro Punto. Hoy, la pintura y el arte forman parte del 100% de su vida. Las paredes de la ciudad de Río Cuarto están teñidas de murales llenos de colores y mujeres de su autoría.

Mientras me acomodo en la punta de una mesa marrón en su comedor, ella se organiza y termina preparativos para su primera clase de pre parto. Me ofrece agua y me la trae en un posa vaso muy colorido, un objeto de su emprendimiento “La felicidad engorda”, un “objeto feliz”, como le dice ella. Se sienta al lado, los perros en el patio corren y con total confianza escucha audios en voz alta y me comenta sobre ellos.

¿Cómo te definirías?

Creo que enérgica, ansiosa, intensa. Siempre trato de buscarle la vuelta para encontrar lo positivo de la vida, eso capaz un poco me define o intento que me defina, no perder el foco de lo bueno, de agradecer. Todo lo malo pasa por algo, todo lo más feo que me pasó en la vida tiene que ver con aprendizaje con cosas que después en algún momento no fueron tan malas. Incluso cosas como perder a tu mamá ¡cómo no va a ser malo perder a tu mamá!, daría cualquier cosa para que mi mamá esté acá, pero tengo que ver qué es lo bueno que me deja que mi mamá no esté acá hoy, así trato de hacer con todo.

“La felicidad engorda” transmite todo lo que Emilia Floriani es, esa alegría y positivismo que la representa está representado en su arte y traspasa los cuadros y los objetos felices.

Emilia siempre se conectó con la pintura, desde chica como un juego y ahora como su verdadero trabajo. Hoy se encuentra con el sentimiento de que quiere que el arte sea el trabajo de toda su vida y para que eso ocurra tuvo que pasar mucho tiempo y sobre todo momentos que la fueron marcando.

Nunca pensé que me iba a dedicar al arte como una profesión, tampoco pensé que iba a tener una marca o que iba a llegar a donde llegué con el arte. Si vos me preguntabas hace 10 años, yo me veía trabajando en el diario familiar como periodista, como diseñadora, muy en otra cosa. De hecho, trabajé en Grupo Grassi, soñé toda la vida con trabajar ahí, pero en el medio pasaron muchas cosas que te hacen cambiar el rumbo.

Para Emilia, el arte, la pintura y “La felicidad engorda” son su lugar, su trabajo y su disfrute. No hay una sola vez en la que no lo haya exclamado con emoción y orgullosa de lo que convirtió con sus manos.

“La felicidad engorda” es un emprendimiento que no solo vende cuadros y realiza murales en la ciudad, sino que sus pinturas se trasladan a posavasos, termos, lonas, tazas, cuadernos, entre otros.

La identificación de su emprendimiento, estuvo presente siempre en la vida de Emilia. No exclama con exactitud de dónde viene el nombre o lo que significa, pero es la frase que la identifica hace mucho tiempo.

“La felicidad engorda” siempre fue un nombre que estuvo rodeándome, cuando hacía huevos de pascua, decía los huevos de “La felicidad engorda”, cuando hacía tartas y tortas o desayunos era “La felicidad engorda”. Siempre fue” La felicidad engorda”.

La esencia de Emilia, la esencia de “La felicidad engorda”, son las mujeres. Mujeres de todo tipo y color. Sus cabellos son pintados con muchos colores, (marrones, violetas, turquesas, rosas). Algunas no tienen pelo, otras tienen rulos y en otras, el cabello es lacio. Los ojos son su firma característica:  grandes y con largas pestañas. Los cachetes siempre son rosas.

El arte tiene mucho que ver con lo que uno siente y expresar lo que a uno le va pasando y con quien se va vinculando. En mi caso he tenido siempre mucha vinculación con mujeres importantes en mi vida, desde mi mamá, las mujeres de mi familia.

En conversaciones, en charlas cotidianas, en canciones, en tiempos de meditación. La inspiración para sus cuadros no la encuentra solamente en las mujeres de su vida, sino en la presencia de distintos momentos cotidianos y a estos los transforma en un cuadro, en una obra. “Estoy en la clase de yoga, en meditación y luego a eso lo transformó en un cuadro. Voy a la psicóloga y ella me explica una metáfora y mientras lo dice lo voy pensando, voy pintando. Me nutro mucho de lo que dice la gente”, comenta.

Emilia empezó a mostrar su arte a través de experiencias de pintura en vivo, en algunos bares de la ciudad. Cerca de la gente, atenta a las mujeres presentes, escuchando la música, las charlas que allí habitan, inicia el proceso de pintar un lienzo en blanco, dejándose llevar por lo que escucha, ve e imagina.

Me fui de viaje a Salta, y en ese viaje mi pareja Daniel me dijo que tenía que hacer algo con las pinturas. Yo en ese momento estaba pintando mucho en vivo, todavía no hacía tantos murales. Hay que hacer algo con esas pinturas, llevarlas a un objeto, buscarle la vuelta. Llegamos a Río Cuarto y me puse a digitalizar unas obras para ver a donde las podíamos trasladar. Mientras Daniel -Abogado- se ponía en marcha con el tema legal, más burocrático, registro de marca. Nos empezamos a dividir las tareas y empezamos a trasladar el arte a objetos concretos.

Aunque hoy “La felicidad engorda” es un emprendimiento reconocido de la ciudad y de la zona Emilia tuvo que pasar por muchos momentos antes de elegir al arte como su verdadera pasión, ocio y trabajo.

Cuando mi mamá se enfermó y nos dimos cuenta que se podía morir, que se acababa, yo dije: “¿qué quiero hacer de mi vida?, a ver, ¿realmente quiero ser periodista?, ¿realmente quiero ser diseñadora o realmente me estoy encontrando en este espacio, en este mundo del arte?”.  Me daba cuenta que lo disfrutaba mucho más, que yo amaba como la gente miraba un portavaso, tomaba la leche en una taza o en una placita ver que sacaban un termo mío de la felicidad con mis pinturas.  Lo que generaba emocionalmente, escribir la historia de un cuadro y que te digan me siento igual, me siento identificada. Esto es lo que yo quiero, pasaron muchos años que nunca me hubiese imaginado.

Los muros de la felicidad

De muchos colores, largos, cortos, altos, otros no tanto, pintando en compañía o sola, Emilia lleva 24 murales pintados en la ciudad por “La felicidad engorda”. Estos se reparten por todo Río Cuarto y pueblos de la zona. El barrio Alberdi, el andino, la costanera del río, el Castelli y el centro son solo algunos de los lugares por donde “La felicidad engorda” pasa y deja color.

Como especial, especial es el mural de los azudes, por dos razones. Primero porque siempre soñé con pintar los azudes, yo pasaba y decía que lindo que es pintar esa pared, ¡Ay que lindo pintar los azudes! Cuando se dio, se dio en el marco de un homenaje, un homenaje a mi mamá, entonces tiene un significado personal muy importante.

Emilia recuerda cada uno de los murales que realizó en la ciudad y en los pueblos vecinos. Aunque el mural de su mamá es el más especial, comenta que todos tienen lo suyo, todos tienen algo que los hace especiales. Desde el primer mural que realizó con la Pinturería Central, algunos que le gustan como quedaron estéticamente, otros como el del día mundial del cáncer u otro representando el lenguaje de señas.

La hija de Alejandra Elstein

Aunque hoy el arte y su emprendimiento son su labor principal, el periodismo y la comunicación son dos profesiones que están presentes desde siempre en la vida de Emilia. A pesar de que con firmeza diga que el periodismo no es parte de sus días, lo lleva en la sangre gracias a su mamá Alejandra Elstein.

Emilia perdió a su mamá, el 20 de julio del 2020 luego de una larga batalla contra un cáncer. Era Alejandra Elstein, reconocida periodista de la ciudad de Río Cuarto.

Alejandra Elstein comenzó en el periodismo trabajando en el diario Puntal escribiendo sobre todo géneros vinculados con lo social, policiales, violencia de género, entre otros. Después de ser despedida, trabajó para un político de la ciudad, haciendo trabajos en cuestiones de prensa y comunicación. Durante este periodo, Emilia cuenta que su mamá no se sentía cómoda en ningún lugar, no tenía su espacio propio para hacer periodismo como ella quería. A principios del año 2000, fundó con su marido -el padre de Emilia- el diario Otro Punto.

Mi mama como periodista, no voy a ser muy objetiva, el trabajo estaba por encima de todos, hasta por encima de nosotros, de ella misma. Te contagiaba las ganas de ser periodista, de hecho, empecé a estudiar comunicación y pensé que iba a ser periodista porque un poco había visto una admiración en su forma de amar eso, amé el periodismo gracias a ella. Ella buscaba siempre la verdad, sin miedos, además escribía muy lindo, de una forma en que todos nos sentíamos atrapados, tenía un sentido común en la forma de ver los hechos que estaba bueno, así como también era impulsiva, tenía momento en donde la teníamos que frenar porque capaz hacía barbaridades que a ella le hacían mucha gracia pero que no eran graciosas. Creo que hoy se hubiese encontrado con un mundo totalmente distinto para escribir comparado con su escuela, su edad y su forma de pensar algunas cosas.
De lejos se notan con la admiración y el amor con la que habla de su mamá, recordando los momentos cuando trabajaban juntas en el diario familiar, cuando se pasaban varias horas doblando el diario los jueves a la noche para poder salir a repartir. “Siempre estaba tratando de aprender, de escuchar, escuchaba mucho a mis hermanos, no cambiaba su mirada, no compartía la de ellos, pero aprendía mucho”, agrega Emilia.

Era muy apasionada como periodista y en todo en su vida, pero el periodismo fue algo que vivió hasta el último minuto, vivió haciendo periodismo, y nos contagió un poco a todos.

Cuando habla de su madre se le cristalizan un poco los ojos, y los suspiros inundan el lugar. El recuerdo de Emilia es tan vívido, que pareciera que Alejandra está ahí, a su lado, rememorando esas historias.

Entusiasmada cuenta que hasta el día de hoy siente su fuerte presencia cerca de ella y que la tiene todo el tiempo en su mente, con su dedo señala para el lado de la cocina en donde se encuentra una foto de ella, recurre a los recuerdos y comenta prenderle una velita.

Le hablo, me río, pienso que diría, que haría, ¡Uyy cómo disfrutaría tal cosa! Está todo el tiempo presente y justamente por eso es una referente de vida, la tengo presente para ver cómo seguir, si me siento mal digo: “¡Uy no, a mi mama no le gustaría que yo esté tan triste por esta pavada!”. Como que trato de conectar todo el tiempo.

Otro Punto

Con melancolía, Emilia recuerda las noches de jueves que pasaban con su mamá en la mesa de la cocina doblando el diario familiar, Otro Punto. A veces reunidas en familias, otras veces con amigas que lo aprovechaban como previa para luego ir a La Copla, recordando con risa que ella no podía salir ya que tenían que salir a repartir para que el diario llegue a los distintos bares de la ciudad.

El diario Otro punto nació como un diario familiar e independiente a principios del año 2000.En el año 2001 el papá de Emilia, Jorge Floriani decide vender un kiosco e irse a trabajar a México. Allí iba y venía para poder trabajar y también ver a su familia. Con el tiempo Alejandra empieza a desear poder hacer periodismo en su propio espacio y Jorge está cansado de viajar de allá para acá. Es así como luego de una propuesta por parte de un amigo de la periodista la pareja decide abrir Otro Punto. Esta era una oportunidad para que Alejandra pudiera hacer periodismo como realmente quería y para que su papá pueda volver con su familia y trabajar con ella.

Durante mucho tiempo la dirección del diario estuvo a cargo de Alejandra y Jorge se encargaba de la impresión, venta de publicidad y acompañar a su esposa en el diario. Emilia trabajó durante mucho tiempo como diseñadora del mismo.

Hoy, luego de la muerte de Alejandra, Jorge es el director del diario y junto con su hijo y Emilia. Ella dice que está tomando distancia de a poco de Otro Punto ya que no es su camino, no es a lo que se quiere dedicar. El arte y la felicidad engorda están primeros en su lista.

Mientras seguimos en esa mesa marrón en el comedor de su casa se escuchan sonidos de su celular, con confianza lo agarra y escucha en voz alta un audio con voz masculina que pareciera ser su papá. Le pasa la última edición del diario de la semana y le pregunta qué le parece, a lo que ella le responde, decidida, que quedó muy lindo y que no le falta nada. Corta el audio, lo manda y exclama asintiendo la cabeza lo bien que quedó.

Aunque repetidamente remarcó que el periodismo no es hoy su lugar, lo que quiere realmente siempre va a estar presente en su vida, en su familia y en su historia.

Florencia Nardoni

Estudiante de Comunicación Social. Esta producción fue realizada en el marco de la cátedra Comunicación Impresa Aplicada.

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